viernes, 29 de mayo de 2009

Educacion Superior y Democracia en A. L.

EDUCACIÓN Y DEMOCRATIZACIÓN: POTENCIALIDADES DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN AMÉRICA LATINA.

JOSÉ LUIS VELÁZQUEZ. Ph.D.

INTRODUCCIÓN

La interrelación entre la cultura de los pueblos, sus comportamientos políticos económicos y sociales y la interacción con el sistema educativo ha sido uno de los problemas que más ha intrigado a los estudiosos de las ciencias sociales contemporáneas. Corresponde a Max Weber el haber iniciado el debate, con su célebre estudio titulado “La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo”. En él, Weber sugirió que el ascenso del capitalismo y el subsecuente período de rápido crecimiento económico, fueron posibles por la existencia de un conjunto de cambios culturales relacionados con la ética protestante. Esta tesis dió lugar a una controversia que continúa hasta el presente, y algunos aspectos, para muchos, continúan aún siendo válidos. Entre estos, el hecho de que el debilitamiento de los valores culturales tradicionales y autoritarios pareciera facilitar o crear un clima propicio que conduce a altas tasas de crecimiento económico. Más importante es la insinuación de Weber, en el sentido de que la cultura no está determinada solamente por factores económicos en forma mecánica y simplista, sino que a veces puede ser un factor que da forma a eventos económicos, al mismo tiempo que puede ser moldeada por ellos.

Entre los valores más destacados que conformaron la ética protestante, de acuerdo a Weber, se encuentra el auto-control ascético que conduce a la acumulación de riqueza. Esta, a la vez, conduce a un espíritu de iniciativa (“entrepreneurship” o ánimo de lucro) y a la consecuente acumulación de capital que históricamente llevó a la Primera Revolución Industrial en los Siglos XVIII y IXX en Inglaterra, y luego a sus consecuencias que se extendieron en forma de desarrollo global durante el Siglo XX.

Como contrapartida a estos procesos, podríamos describir lo que tiene lugar en sociedades con valores tradicionales en las que la aceptación del orden establecido, acentuado por el sistema tradicional de valores, disminuye el énfasis sobre las aspiraciones económicas (sistema de valores que no se basa en el logro sino en la pertenencia a determinados grupos o adscripción).

En estas sociedades la movilidad social es vista como un “juego de suma cero”, cargado de conflictos y que amenaza el orden social establecido. Las culturas tradicionales al tratar de preservar la paz social, desestimulan la movilidad social y la acumulación de riqueza, y legitimizan el orden establecido proveyendo normas de caridad y filantropía que mitigan la dureza de las economías de subsistencia. Por otro lado, una sociedad que atraviesa un proceso de desarrollo rápido, sobre todo, a través de la industrialización, la movilidad social puede ser ampliamente difundida, y la percepción de un juego de suma cero es sustituida por la percepción de un juego de suma positiva.

Este bosquejo teórico preconizado por Weber fue seguido y ampliado por otros estudiosos de la materia, ellos fueron: Lipset, Rostow, Huntingtón y principalmente Almónd y Verba en su famoso estudio titulado "La Cultura Cívica". A continuación se exponen en forma esquemática los modelos teóricos elaborados por esto autores con el fin de explicar las relaciones entre los factores estructurales y culturales que producen el surgimiento de la cultura cívica.

En concordancia con las líneas de pensamiento expuestas, el desarrollo económico acelerado de los siglos que van del XIII al XIX en Europa Occidental, puede decirse que condujo a un incipiente desarrollo de instituciones democráticas, primero en Inglaterra y luego en otros países, que en su turno condujeron a la creación de un clima generalizado de confianza interpersonal, creencia en el cambio gradual y satisfacción con la vida en general. Estos tres indicadores están asociados con el concepto de CULTURA CÍVICA. De acuerdo con los autores citados, es este concepto el que podría tener una influencia importante en el posterior afianzamiento de instituciones democráticas estables y duraderas en esos países y más tarde en sus colonias.


CULTURA Y ESTRUCTURA

Las investigaciones empíricas realizadas sobre este tópico por Edward N. Muller de la Universidad de Arizona se resumen en los modelos que se presentan a continuación, los que tratan de explicar como las variables estructurales y no estructurales inciden en el surgimiento de la cultura cívica.







Por consiguiente, podríamos describir las relaciones entre valores culturales, desarrollo económico e instituciones democráticas como un proceso en el cual se va desarrollando paulatinamente una congruencia entre lo económico, lo cultural y lo institucional, que se refuerza y mantiene mutuamente, a través de un largo período de tiempo.

En la actualidad, y como el resultado de los análisis antes citados, se considera que la cultura tiene una influencia específica sobre la conducta de los individuos y las colectividades. Pero ésta también se encuentra influenciada por lo que sucede en el ambiente. Así que la causalidad fluye en ambas direcciones, con la cultura política simultáneamente apareciendo como variable dependiente e independiente.

La cultura influencia la manera como las personas perciben sus metas, la formación de los valores y principios que norman la vida social, moldean el comportamiento, las percepciones de justicia, igualdad y equidad, la legitimidad de la autoridad, y muchos de los aspectos afectivos de las variables explicatorias. Por su parte los factores estructurales confirman o falsifican las percepciones culturales y al hacerlo afectan y modifican a estas últimas.

LA CULTURA COMO PROBLEMA Y COMO OPORTUNIDAD

El Problema
La cultura puede ser percibida y analizada como problema y como oportunidad. Por ejemplo, en los últimos tiempos la mayoría de los países latinoamericanos han adoptado políticas de ajuste estructural y de democratización. Ambas representan una ruptura con el pasado y ambas están guiadas por el paradigma de menor intervención estatal, un mayor estímulo a las fuerzas del mercado, apertura de la economía y la solución de problemas políticos por la vía democrática.

En otras palabras, en la actualidad el desafío que las sociedades latinoamericanas enfrentan es doble: por un lado, deben remover los obstáculos que impiden la competitividad económica, y crear el ambiente de confianza necesario para la inversión privada, y por el otro lado, deben fomentar la mezcla de participación y delegación necesarias para resolver conflictos en forma democrática. Ambos procesos (modernización económica y democratización) se ven retardados por que en primer lugar, muchas instituciones de apoyo que debieran existir para fortalecer los programas de ajuste económico y de democratización, no se encuentran suficientemente desarrolladas o por razones históricas de centralización extrema nunca existieron. En segundo lugar, como ahora se reconoce, las fuerzas del mercado no funcionan en un vacío institucional, ya que la administración eficiente de la justicia, la existencia de un sistema legal independiente, el mantenimiento del orden y la seguridad del derecho de propiedad privada, y un sistema fiscal adecuado, son elementos indispensables para que el mercado produzca soluciones económicas eficientes. Asimismo, la existencia de una cultura común que permite a las personas compartir valores y creencias sobre mercados, competencia, contratos, confianza interpersonal, confianza en el gobierno, transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas, son elementos indispensables para la profundización de la democracia y los procesos de mercado. Estos últimos conceptos que se pueden expresar como las "reglas del juego" tanto formales como informales, junto con las limitaciones económicas estándar, definen las posibilidades de crecimiento económico, estancamiento o declinación, así como las posibilidades de que efectivamente la democracia continúe.

En este caso, tanto la cultura común latinoamericana, como las orientaciones hacia la competencia y las fuerzas de mercado pueden no ser congruentes con las suposiciones implícitas en las reformas económicas y con las soluciones democráticas a los conflictos que toda sociedad sufre. Si la falta de congruencia entre la cultura y las políticas es muy grande, estos procesos pueden conducir al socavamiento de la implementación exitosa de dichas políticas. En otras palabras, las políticas no ocurren en el vacío y su grado de aceptación tienen lugar en un marco mental cultural colectivo. Por eso es que pudiéramos estar en un punto en el que surge una disfunción entre los cambios que se pretenden implementar y la cultura propia de la mayoría de las comunidades latinoamericanas.

Es precisamente aquí en donde la cultura se convierte en un problema y las interrogantes clave que nos plantea son las siguientes ¿Cuan compatibles son la cultura de la población con los cambios económicos y políticos que están teniendo lugar? ¿Existe alguna forma de intervención social que nos permita cerrar la brecha entre la cultura y los cambios que se intentan realizar? ¿Es el sistema educativo y en especial la educación superior un instrumento idóneo de intervención social que puede contribuir a facilitar los cambios? y si así fuera ¿Cuales deberían ser sus características?

Uno de los factores claves en lograr estos cambios económicos y culturales es la manera en la cual se ejercita el poder en el manejo de los recursos económicos y sociales para el desarrollo. En otras palabras, la gobernabilidad y como la población la percibe, puede contribuir o no a la aceptación de las nuevas políticas.

La Oportunidad

La oportunidad que ofrece la cultura en situaciones de crisis como la que vivimos reside en que es relativamente autónoma de las condiciones estructurales o de carácter económico, de aquí deriva su maleabilidad y las posibilidades de ser modificada e influir en la transformación de las mismas condiciones estructurales de donde surge. Esto nos lleva a explorar la conexión entre Educación y Cultura Democrática


Aqu’ es necesario distinguir entre el efecto de la educación en la aceptación y el sostenimiento de la democracia y el proceso de democratización. El apoyo al mantenimiento de la democracia como tal esta muy influenciado por la escuela, por el refuerzo de las practicas democráticas y los beneficios percibidos de la misma.

El apoyo a la democracia se deriva de un conjunto multidimensional de actitudes que consiste en una dimensión normativa (legitimidad), otra dimensión utilitaria o práctica (efectividad) y finalmente una de comportamiento. Esta última implica oposición a lo que pueda llevar de regreso a un régimen autoritario como censura de prensa, acciones represivas, etc.

Legitimidad implica un apoyo a las instituciones, valores y prácticas democráticas tales como participación, derecho a elegir libremente, tolerancia, derecho a disentir, igualdad política, mientras que utilidad implica la creencia que la democracia es mejor, da mejores resultados y funciona mejor que un régimen autoritario y que por tanto no es un lujo.

Por ejemplo, las investigaciones empíricas indican que en Nicaragua valores como la tolerancia y el repudio hacia acciones que supriman la oposición están muy difundidos pero que la eficacia de la democracia es aún muy cuestionada en términos de resolver los problemas de pobreza, desempleo, etc. En la matriz que se presenta a continuación se resumen las interacciones entre legitimidad y efectividad.

Por otro lado, el concepto de “capital social” es muy cercano al de cultura cívica en el sentido que varias de las actitudes y valores se traslapan, pero no necesariamente son equivalentes. Coleman(1990, p. 302) define el capital social como:
Algo que se define por su función. No es una entidad singular sino plural cuyos elementos tienen dos características en común: todos forman parte de la estructura social y facilitan ciertas acciones de los individuos que están en la estructura [.....] A diferencia de otras formas de capital, el capital social es inherente a la estructura de las relaciones intra e inter personales. El capital social no se acumula ni en los individuos ni en los instrumentos físicos de la producción.

El capital social se refiere a algunas características como confianza interpersonal, sentido de responsabilidad e interacción cívica que hacen mas eficiente y productiva una sociedad. As’ por ejemplo, en un grupo de agricultores en donde existe una gran confianza interpersonal se podrá lograr una mayor cooperación y productividad que en un grupo donde el nivel de desconfianza minimice la cooperación.
Una clave esencial del capital social es el desarrollo de la confianza interpersonal que permite reforzar los elementos claves de la sociedad civil para la formación de asociaciones y la reducción de los costos de transaccitransiciónn. En ese sentido Fokuyama sostiene que el capital social es la capacidad que surge de la prevalescencia de la confianza en una sociedad o en ciertas partes de ella. El capital social puede acumularse en los grupos sociales primarios como la familia, en grupos sociales grandes como la nación y en todos los grupos sociales intermedios

Más compleja resulta la definición de Douglas North quien lo define como la convergencia o compatibilidad de la normas formales e informales, los constreñimientos informales y la sanción de la ley por terceros, todo lo cual reduce los costos de transacción y aumenta considerablemente la productividad de la cooperación humana, otorgando ventajas competitivas a las sociedades.

La acumulación de capital social ligada a la existencia de una cultura cívica que abarca entre otras cosas la confianza interpersonal, la creencia en la imparcialidad de la aplicación de las leyes, el cumplimiento legal de los contratos y la legitimidad del gobierno ha sido ligada con la democracia, pero tambiŽn con las posibilidades de crecimiento y desarrollo. Sin la presencia de una cultura que facilita la formación y el reforzamiento de la sociedad civil y de un estado reformado, es probable que la consolidación democrática y los avances económicos se vean retrasados y en caso extremo fracasados. Los temas claves, entonces, están relacionados con la capacidad de la educación de promover la movilización y la participación en actividades políticas dentro de un contexto democrático.

La oportunidad que ofrece la cultura en estas circunstancias, teniendo en cuenta su relativa autonomía y capacidad de ser transformada en agente de cambio , consiste en que ella puede ser moldeada por la educación. El sistema educativo como agente socializador se convierte entonces en un instrumento de intervención social dirigido a: 1) la acumulación de capital social mediante la promoción de la congruencia entre las normas (formales e informales) y los incentivos sociales (positivos y/o negativos) 2) la formación de la cultura cívica necesaria para la convivencia democrática y la gobernabilidad.

En este campo se debe señalar que si bien, la persona más educada es más propensa a la participación no siempre la educación determina el contenido de esa participación. Sin embargo, se reconoce en muchos estudios que la escuela en general es el instrumento social más importante y efectivo para la socialización política, siempre que esta transmisitransmisiónn de valores y comportamientos no sea desbalanceada por otros factores y prácticas fuera y dentro de la escuela. Por ejemplo, sí en la escuela se enfatiza la jerarquía, el cumplimiento de órdenes y la memorización, y en la sociedad como un todo predomina la violencia, como un medio de conseguir lo que se quiere, es difícil de creer que la socialización va a ser efectiva a nivel del sistema educativo.

Esta socialización política es uno de los papeles más contradictorios que muchas veces se demanda de la educación . Por un lado, en algún sentido se pide que la escuela reproduzca y sea compatible con la cultura predominante y por el otro lado se pide de la escuela que sea una fuente de nueva socialización y de promotora del cambio.

Algo similar ocurre con la internalización de normas morales, a nivel de la escuela, la secundaria y la universidad, la misma puede inducir a la generación de actitudes apáticas o cínicas, si es muy grande la brecha entre lo que se enseña y las prácticas familiares, de grupos de referencia, de los medios de comunicación y de las autoridades.

Al examinar las oportunidades que brinda la educación como instrumento de intervención social se debe ser cautos para no caer en el error de creer que ella es la panacea capaz de curar todos nuestros males, De hecho la evidencia empírica en este campo es contradictoria. Así entre los pesimistas encontramos a la mayoría de los científicos sociales que basados en la evaluación de experiencias extremas como la de los sistemas educativos de los antiguos países socialistas, sostienen que ni siquiera en esos casos en donde el estado manipulo conscientemente el sistema educativo para adoctrinar y socializar a las nuevas generaciones en la vivencia del comunismo se llego a lograr los objetivos propuestos de crear al hombre nuevo socialista.

Por otro lado, los autores moderadamente optimistas sostienen que si bien el impacto de la educación como instrumento de intervención social ha probado ser limitado a nivel de las masas, la evidencia empírica permite establecer una asociación mayor entre la educación y el proceso de socialización de las élites. Por ejemplo Rostow, basado en un estudio empirico, sostiene que el surgimiento de la democracia en el mundo ha estado asociado un proceso en el cual las élites politicas de un pais juegan el papel mas importante, veamoslo:


Si el papel de las élites resulta clave para el establecimiento de la democracia debemos buscar las vías y los instrumentos de socialización que les permite acceder a la cultura cívica y a la acumulación de capital social. En todo caso la educación superior no es asequible a las masas y no cave duda que en el proceso de formación de las elites la educación superior juega el role clave. La Universidad resulta ser, entonces, el instrumento idóneo de intervención social dirigido hacia la democratización y el desarrollo.

Puede aquí enumerarse algunos de los productos que la transformación democrática de América latina demanda de nuestras universidades, ellos son:

1.- la formación de intelectuales,
2.- la formación de profesionales,
3.- la investigación y el desarrollo,
4.- la producción de insumos críticos que permitan la autoevaluación y la corrección del rumbo,
5.- la difusión de la cultura cívica mediante el desarrollo de:
a.- identidades políticas
b.- capacidades políticas
c.- respondabilidades políticas
6.- factor de acumulación de capital social,
7.- fomentadoras de la gobernabilidad,

No hay comentarios:

Publicar un comentario